¿Discutes si el dato es correcto en vez de qué hacer con él?
Estás en «Ordena». Toca construir el almacén y las reglas de calidad: lo demás no se sostiene encima.
Productos
de datos e IA
El catálogo
No por tecnología, sino por el punto del camino en el que está tu empresa. Eso es lo que sabes sin ayuda de nadie.
Casi todos los catálogos de consultoría se ordenan por tecnología, y eso obliga al cliente a saber qué tecnología necesita antes de poder elegir. Es al revés: lo que sabes es en qué punto estás y qué te duele.
Por eso cada producto ocupa un lugar en una secuencia. Si tus datos están repartidos en seis sistemas que no se hablan, no necesitas un agente de IA todavía: necesitas ordenar. Y si ya tienes cuadros de mando que dirección usa cada mañana, el siguiente paso no es otro cuadro de mando.
El catálogo cubre el camino completo y va creciendo. Si lo que necesitas no aparece aquí, casi siempre encaja en una de las cinco etapas y se estudia igual.
Cinco etapas. Se recorren en orden, y saltarse una entera sale caro.
No sabes en qué punto estás ni qué haría la IA por tu empresa. Se diagnostica, se priorizan casos de uso por retorno y sale una hoja de ruta con plazos. Aquí también se decide qué no hacer todavía.
Los datos existen pero están repartidos, se contradicen y nadie se fía de ellos. Se construye el almacén, las cargas automáticas y las reglas de calidad. Es el cimiento de todo lo que venga después.
Los datos ya son fiables y toca verlos y anticiparse. Cuadros de mando con métricas acordadas por todos, y modelos que predicen demanda, impagos o averías antes de que ocurran.
La información deja de consultarse a mano. El conocimiento de la empresa se responde solo citando su fuente, y las tareas repetitivas se ejecutan de principio a fin con supervisión.
Los procesos completos deciden y se ejecutan dentro de los límites que tú defines. Las personas dejan de operar y se dedican a las excepciones y a lo que nadie más puede hacer.
Filtra por etapa y quédate solo con los productos de tu punto del camino.
La puerta de entrada. Diagnóstico de en qué punto estás, casos de uso priorizados por retorno y una hoja de ruta. Sirve también para saber qué NO hacer todavía.
Ver el productoWarehouse, lake, cargas automáticas, calidad y gobierno. El suelo de todo lo demás: sin esto, lo que pongas encima hereda el desorden.
Ver el productoCuadros de mando por rol, diccionario de métricas e informes que se envían solos. La cifra en la que todo el mundo confía.
Ver el productoModelos que predicen demanda, impagos, churn o averías con tus datos históricos, integrados en la operación y no en un notebook.
Ver el productoPreguntas sobre contratos, procedimientos y normativa respondidas citando el documento, con permisos por usuario y sin inventar.
Ver el productoTareas de negocio ejecutadas de principio a fin: consultan tus sistemas, deciden dentro de sus límites y actúan, con supervisión donde toca.
Ver el productoEl Cerebro: procesos completos que razonan sobre tus datos, deciden y se ejecutan. Reposición, cierre, pedidos, reclamaciones.
Ver el productoEs la situación más habitual, y tiene respuesta antes de gastar un euro en desarrollar.
Estás en «Ordena». Toca construir el almacén y las reglas de calidad: lo demás no se sostiene encima.
Estás entre «Decide» e «Innova». Toca predecir y automatizar lo repetitivo, no hacer otro informe.
Estás en «Explora». Una sesión de diagnóstico te sitúa y te da la hoja de ruta antes de comprometer presupuesto.
En orden sí, pero no completas. Se puede decidir con datos que aún no están perfectos, y se puede automatizar un proceso concreto sin haber ordenado toda la empresa. Lo que no funciona es saltarse la etapa entera: un agente de IA sobre datos que se contradicen amplifica el desorden en lugar de resolverlo.
Con uno o dos. Lo habitual es que de una hoja de ruta salgan dos o tres proyectos de tres a seis meses cada uno, y que el primero pague los siguientes.
Depende del dolor con el que llegan. «No me fío de la cifra» lleva a Business Intelligence. «Esto lo hace una persona a mano cada día» lleva a agentes o a automatización. «El conocimiento está en dos cabezas» lleva a los asistentes documentales.
Por un asistente documental sobre un conjunto acotado de documentos, o por un agente que haga una única tarea repetitiva. Son los dos proyectos que dan resultado visible antes y no exigen tener toda la casa en orden.
Sí, es el caso más común. Se empieza por el diagnóstico y por ordenar lo mínimo imprescindible para que el primer proyecto útil funcione. No por una plataforma completa que tarda un año.