Un astillero acumula años de partes de trabajo, presupuestos, albaranes de proveedor y fotos de intervenciones. Todo eso existe, y casi nada se consulta cuando llega un barco parecido al que se reparó hace tres temporadas. El presupuesto se vuelve a estimar de cabeza, la desviación aparece a mitad de la varada, y el margen real del trabajo se conoce con el barco ya entregado.
En una marina o un club náutico el patrón se repite en otro sitio. La ocupación de amarres, las listas de espera y los servicios se llevan en hojas de cálculo que solo entiende quien las hizo. El dato está, lo que falta es que trabaje.
4meses de plazo de proveedor que hay que anticipar
3sistemas que suele haber que cruzar: taller, almacén y facturación
5-8 ha la semana se van hoy en montar presupuestos copiando de otros