¿No es lo mismo que un RPA o un Zapier?
No. Esas herramientas repiten pasos fijos y se rompen cuando algo cambia. El Cerebro consulta tus datos, interpreta documentos y elige entre opciones: lo que hasta ahora exigía el criterio de una persona.
Cerebro de IA
empresarial
Automatización de procesos con IA
Una herramienta conversacional que te permite con un equipo de agentes de IA especializados en los dominios de tu empresa. Conocen tus datos, responden por qué pasa lo que pasa y ejecutan lo que decidas. Lo llamamos Cerebro de IA empresarial.
Le preguntas en lenguaje natural, como se lo preguntarías a un analista. Quiénes son tus mejores clientes, por qué uno perdió margen en agosto, qué llevas parado en almacén. No devuelve un gráfico y te deja el trabajo: te dice que hubo un coste duplicado y un descuento por encima de lo habitual, y de dónde ha sacado las dos cosas.
Cada empresa tiene los suyos. Uno entiende de comercial, otro de finanzas, otro de operaciones, y todos conocen tu modelo de datos, tu vocabulario y tus reglas. Y después actúan: mandan el informe por correo, dejan programado el cierre del día 1, o vigilan una cifra y avisan cuando se sale.
La diferencia con un RPA o un flujo de «si pasa esto, haz aquello» es que razona con contexto. Entiende el correo de un proveedor, consulta el histórico y elige entre alternativas. Cada respuesta y cada acción quedan registradas con su motivo, y cualquier persona del equipo puede revisarlas o revertirlas.
Las tres que salen antes de hablar de presupuesto.
No. Esas herramientas repiten pasos fijos y se rompen cuando algo cambia. El Cerebro consulta tus datos, interpreta documentos y elige entre opciones: lo que hasta ahora exigía el criterio de una persona.
Sí, si hoy alguien dedica tiempo a anlizar los datos disponibles. Cuánto más tiempo se dedica a conocer las causas, más valor se extrae de un Cerebro de IA empresarial.
El primer dominio respondiendo sobre tus datos reales, entre 6 y 10 semanas. Se empieza por uno: comercial, finanzas u operaciones.
Seis piezas distintas que se pueden contratar juntas o por separado, en función de las necesidades reales de tu empresa.
Uno para comercial, otro para finanzas, otro para operaciones. Cada uno con las preguntas, las métricas y el vocabulario de su área, y sin acceso a lo que no le toca.
El ERP, el CRM, la contabilidad y el almacén, con el modelo de datos documentado para que una misma pregunta signifique siempre lo mismo.
Cada cifra llega con la consulta que la ha producido y con el análisis de la causa. Así se puede discutir la respuesta, en lugar de creerla o ignorarla.
Albaranes, facturas y contratos leídos y comparados con lo que dice el sistema. De ahí salen las líneas que no cuadran, una a una y con su importe.
Manda el informe por correo, deja programado el cierre cada día 1 y vigila una cifra para avisar cuando se salga. Con destinatarios y límites acordados.
Qué puede hacer solo, qué pide aprobación y qué no toca nunca. Cada acción queda registrada con su motivo y se puede deshacer.
Cinco pasos, y el primero es elegir un solo dominio.
Comercial, finanzas u operaciones: el que hoy consuma más horas de análisis. Los demás entran después, cuando el primero ya se usa a diario.
Nos sentamos con quien pide los informes y anotamos las preguntas que se repiten cada mes. De aquí sale qué tiene que saber el agente y las habilidades que tiene que aprender.
Comprobamos que los datos que necesita ese dominio son fiables y fijamos contigo qué puede hacer solo y qué no. Si los datos no están, lo decimos antes de automatizar.
Las primeras semanas responde y propone, pero no ejecuta: comparamos sus respuestas con las de tu equipo. Cuando coinciden, empieza a actuar con supervisión.
Con el primer dominio estable, ampliamos límites o añadimos el siguiente. Todo documentado y con tu equipo capaz de cambiar las reglas sin llamarnos.
El Business Intelligence te da la cifra que alguien decidió enseñar. Al Cerebro le preguntas lo que se te ocurra, incluida la pregunta que nadie previó al diseñar el panel, y te devuelve la causa.
Uno no reemplaza al otro, y el orden importa. El Cerebro responde sobre las métricas que el BI ha dejado acordadas y validadas. Si «margen» significa tres cosas distintas según quién pregunte, la respuesta será discutible. Por eso el Business Intelligence va debajo.
Tampoco es un asistente documental ni un agente suelto. Un asistente documental responde sobre tus documentos citando la fuente; un agente de IA ejecuta una tarea concreta de tu operación. El Cerebro trabaja sobre los datos de tu negocio, cruza los documentos con ellos y actúa sobre lo que encuentra.
Lo que se pregunta antes de dejar que un sistema decida por su cuenta. Si te falta la tuya, escríbenos.
Hablemos de tu casoTú. Un responsable de negocio fija por proceso qué ejecuta solo, qué requiere aprobación y cuándo debe parar. Lo demás, lo pregunta.
Se ve y se deshace. Cada decisión guarda los datos y la regla que la motivaron: se localiza el error, se revierte y se corrige la regla. El Cerebro, además, aprende de sus errores y modifica su conducta.
Nada fuera de las reglas aprobadas ni sin datos fiables. No sustituye el criterio estratégico ni las decisiones que deben firmar personas: las prepara, no las toma.
Sí. Por API o sobre la base de datos. Sin API, la integración es más compleja y depende de ti valorarlo.
Depende de los sistemas que toca el proceso y de la complejidad de sus reglas, que es lo que de verdad marca el trabajo. El precio se cierra después de sentarnos con quien hoy hace ese proceso a mano.
El asistente consulta, el agente ejecuta una tarea y el Cerebro de IA empresarial lleva el proceso entero. La prueba práctica: si lo que necesitas cabe en una tarea, es un agente; si cruza tres departamentos y varias aprobaciones, es esto.
Es el último paso del recorrido en tres sectores, y a propósito: llevar un proceso de punta a punta pide que antes estén la arquitectura y los datos. Encaja de forma más literal en distribución y logística, donde reponer almacén y dar de alta pedidos son los dos ejemplos de manual. También en industria y alimentación, con el circuito de reposición y cierre de producción, y en salud y healthtech, con el cierre y la conciliación.